¿Cómo Conservar el Queso para Mantener su Frescura y Sabor Óptimo?
- Al frío... pero con cariño.
No lo metas en cualquier rincón como si fuera una fiambrera olvidada. El queso prefiere la parte menos fría, como el cajón de las verduras. Ese rinconcito donde no hay corrientes traicioneras. Ahí estará tranquilo, reposando como un monje en retiro.
- Nada de asfixias.
Evita encerrarlo en plástico apretado, por caridad. El queso necesita aire, espacio, libertad… ¡como tú en agosto! Lo ideal es envolverlo en papel encerado (ese que parece hecho por el Espíritu Santo de los charcuteros) o en film transparente, pero perforado. Que respire, que suspire, que cante.
- Sin malas influencias.
El queso es muy simpático, pero también muy absorbente. Si lo dejas junto al pescado o esa salsa de ajo de tres días, lo vas a convertir en una criatura mutante. Mejor guárdalo aparte, como si fuera el secreto mejor guardado de la casa (que lo es).
- El momento de la verdad.
Sácalo de la nevera media horita antes de comerlo. No seas impaciente. El queso frío está dormido. Déjalo que se temple, que estire las piernas y que empiece a soltar todos esos aromas divinos que hacen que alguien diga: “¿Qué huele tan bien?”. Pues tu queso, claro.
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