Palabra de Fiel

Cae en la tentación

Algunas veces un pecado es la entrada al paraíso

Guijuelo

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¿Por qué nuestros jamones no se parecen a los demás?Toca y descubre por qué no hay otro igual

La norma del ibérico marca unos mínimos. Nosotros los dejamos muy atrás en cada paso, tanto en el Monjamón +42 meses (certificado, precinto negro) como en el Pasión +50 meses (fuera de norma: por encima de ella).

Ganaderos centenarios

Total libertad, encina y paciencia

Ganaderos centenarios

Trabajamos con familias que llevan más de 100 años criando cerdos ibéricos. Andan sueltos por el campo, se echan sus siestas a la sombra y meriendan como marqueses. Ajustamos la producción a lo que da cada añada y buscamos encina, que es más dulce.

Y no tenemos prisa: nuestros cerdos llegan a los 20-24 meses o más. Casi el doble de lo que pide la norma.

La norma

Fechas y hectáreas de montanera, sin distinguir árbol ni añada. Edad mínima: 14 meses.

Nosotros

Encina según la añada y cerdos de 20-24+ meses. En el Pasión, además, analítica de ácido oleico.

Salazón tradicional, con vuelta y todo

Lo que nos hace diferentes

Salazón tradicional, con vuelta y todo

Aquí no tiramos el jamón en sal y nos olvidamos. Lo colocamos a mano en pilas de sal marina y, a mitad de proceso, les damos la vuelta uno por uno (que esto no es el lavavajillas, cariño).

¿Para qué? Para que el salado quede parejito y jugoso, ni soso ni salaíllo.

Lo habitual

A máquina y con sal de sobra, para asegurar aunque quede salado.

Nosotros

En pilas, a la antigua, con vuelta a mano a mitad de proceso.

Post-salado natural

El tiempo y el viento

Post-salado natural

Nuestros secaderos no tienen botones de colores. Son salas grandes con ventanas que abrimos y cerramos a mano, según la hora y el mes, durante 12 meses.

Ni aire acondicionado ni calorcillos trampa: solo el viento, las estaciones y la intuición del maestro. Porque un jamón que no respira, no enamora.

Lo habitual

20-24 meses en un secadero artificial y listo. (Ni una ventana ha visto el jamón.)

Nosotros

12 meses naturales, abriendo y cerrando ventanas.

Las bodegas

Lo que nos hace mejores

Las bodegas

Cada seis meses, llueva, truene o haya fiesta patronal, descolgamos los jamones uno a uno y les damos manteca para que sigan curando tranquilos.

Así hasta pasar los 42 meses en el Monjamón y los 50 meses en el Pasión.

La norma

Curación mínima de 600 a 730 días (unos 20-24 meses).

Nosotros

+42 meses (Monjamón) y +50 meses (Pasión), con manteca cada 6 meses.

El calado final

La calidad ante todo

El calado final

Antes de ponerle la vitola Monjamón llega el calado: una aguja de hueso entra en el jamón y el maestro mira, toca y huele.

Si lo que sale de ahí no es gloria bendita, se sigue curando. Aquí no hay aprobados por compasión.

La norma marca el mínimo, ¡Monjamón obra el milagro!

Concepto La norma y lo habitual Monjamón +42 meses Pasión +50 meses
Certificación Precinto según raza y alimentación.Precinto negro: 100% ibérico de bellota, certificado por Calicer. Sin precinto: va por encima de la norma.
Alimentación Fechas y hectáreas de montanera. No distingue árbol ni añada.Bellota de encina, producción según la añada. Fruto de encina según la añada + analítica de ácido oleico.
Edad de sacrificio 14 meses20-24+ meses: animales adultos de verdad.
Salazón Normalmente a máquina y con sal de sobra.En pilas, a la antigua, con vuelta a mano a mitad de proceso.
Post-salado Normalmente secadero artificial y listo.12 meses naturales, abriendo y cerrando ventanas.
Curación Mínimo legal: 600-730 días (20-24 meses).42+ meses en bodega, con manteca cada 6 meses. 50+ meses en bodega, con manteca cada 6 meses.
Del nacimiento a tu mesa Desde 34 mesesMás de 62 meses Más de 70 meses

Edad y curación mínimas: Real Decreto 4/2014 (jamón «de bellota»). Resto: práctica habitual del sector.

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Preguntas Frecuentes

«Jamón de Guijuelo» es el que se cura en Guijuelo (Salamanca), a unos 1.000 m de altitud: inviernos fríos y secos que permiten curar con poca sal y mucho tiempo, y por eso sale más suave y dulce que el del sur. Guijuelo tiene su Denominación de Origen Protegida. Nosotros fuimos de sus fundadores, pero nos salimos: nuestro jamón está por encima del nivel medio que exige la DOP y llevar su sello no nos aportaba nada.

El “jamón de ciudad” (cebo) viene de cerdos que viven bajo techo y comen pienso; está rico, pero hace poco ejercicio. El “jamón de campo” (cebo de campo o bellota) se cría al aire libre, trota por la dehesa, pica hierba y, si hay suerte, bellota fina. Resultado: grasa más infiltrada, sabor más complejo y esa textura que se deshace antes de llegar al recuerdo.

El trono del más caro ( que no el mejor) lo ocupa el Jamón Ibérico de Bellota “Manchado de Jabugo” de Dehesa Maladúa: raza ibérica casi desaparecida, curación de cuatro años y etiqueta de 4 000 € (o más) por pata. Un lujo que pocos mortales lonchean sin temblar.

En Guijuelo hay alrededor de 200 secaderos y fábricas registradas: un auténtico barrio industrial del ibérico donde el aire huele a bellota y a paciencia mesetaria las 24 horas del día.

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Jamón de Guijuelo Premium: tradición y sabor de una tierra única

El jamón de Guijuelo premium es el “cáliz sagrado” de nuestra casa: corte rosa-nacarado, grasa que se derrite antes de saludar y un dulzor que te hace cerrar los ojos como cuando metías la nariz en el bocata del recreo. Tras dos montaneras de bellota y más de 50 meses de curación en el aire seco de la sierra charra, cada pata sale afinada como una guitarra flamenca—ni un gramo de sal de más, todo aroma fino y textura melosa. Lo pruebas y tu paladar se sube al tablao: notas de toffee, mantequilla de bellota, un susurro de frutos secos. Perfecto para la “fiesta del loncheo” con colegas o para darle rock and roll a la tostada del martes: el jamón de Guijuelo premium convierte cualquier momento en titular.

Selección exclusiva de Jamones Ibéricos de Guijuelo Premium

En Monjamón y Más montamos un casting a cuchillo: solo se quedan las patas que brillan como pecado consentido. Cada jamón ibérico de Guijuelo premium pasa por manos artesanas que controlan veta, aroma y jugosidad milimétrica. Nada de prisas: sal justa, volteos suaves y un “baile de los cuchillos” antes de embalar. Cuando llega a tu mesa, la ceremonia está lista: loncha fina, pan crujiente y, si quieres alcanzar el nirvana ibérico, una copa de tinto o un blanco bien frío. Abre el paquete y deja que el perfume mesetario llene la cocina; verás cómo las papilas hacen palmas y el cuchillo pide bis. Con cada corte traes a casa la historia, la pasión y la chispa canalla de Guijuelo—puro jamón de culto listo para tu altar de sabor.